Los animales de granja reciben más de 450 fármacos
A menudo, los animales explotados en la industria de la carne son genéticamente manipulados para que logren un tamaño anormal y sean más rentables.

Por ejemplo, las aves asesinadas en los Estados Unidos son criadas para que pesen 4 kilos, cuando hace alrededor de 70 años pesaban 900 gramos. De hecho, la rápida ganancia de peso con frecuencia las deja sin poder moverse.

Según un estudio del Centro para la Salubridad Alimentaria, a los animales de granja se les administran más de 450 fármacos, combinaciones de medicamentos y aditivos para que crezcan más y sobrevivan en condiciones que de otro modo los matarían. De hecho, el 99.9% de la carne de gallina y el 78% de la carne de vaca que se consumen en los Estados Unidos proceden de instalaciones donde los animales están hacinados. Esto, sumado a la suciedad de las granjas industriales, hace que las enfermedades e infecciones se propaguen fácilmente en estas instalaciones.

Para empeorar las cosas, el Centro para la Salubridad Alimentaria encontró que algunos de los fármacos administrados a los animales representan "amenazas significativas" no sólo para ellos, sino para las personas y el ambiente. Por si fuera poco, 12 de estos fármacos han sido aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) y están en el mercado, aunque su uso en animales está prohibido en otros países.

La ractopamina se utiliza para aumentar la masa muscular y el peso total de un animal antes de asesinarlo, pero los riesgos para los consumidores y el ambiente no se conocen completamente. Su uso en animales está asociado con un mayor número de casos de enfermedad y muerte en cerdos que aquellos relacionados con cualquier otro medicamento para animales. Otros problemas asociados con la ractopamina son: cojera, fracturas, inmovilidad, estrés cardiovascular, temblores, aumento de la agresión, hiperactividad, toxicidad aguda y genotoxicidad.

A pesar de la creciente evidencia de los riesgos para la salud derivados de la exposición al arsénico, entre 1940 y 2016 la FDA aprobó compuestos a base de arsénico en el alimento para animales para promover su crecimiento, mejorar la eficiencia alimenticia y lograr la pigmentación deseada. Como resultado, la exposición acumulada al arsénico aumentó considerablemente entre los estadounidenses, con casos documentados de presencia de arsénico en los productos de carne de gallina. También hay evidencia de la fácil absorción de los compuestos inorgánicos de arsénico en el tracto gastrointestinal de los seres humanos.

Los antioxidantes sintéticos, tales como la etoxiquina, se utilizan para hacer más lento el proceso de descomposición de la carne y aumentar su período de conservación. En las granjas industriales de aves, esta sustancia se añade al agua potable para mejorar el amarillo de la yema de los huevos. Aunque la FDA ha señalado la toxicidad de la etoxiquina y ha reconocido sus riesgos, no ha reevaluado ni restringido su uso en los animales.

El 80% de los antibióticos vendidos en los Estados Unidos se usa para frenar infecciones, tratar enfermedades o promover el crecimiento y la eficiencia alimenticia en las vacas, los cerdos, las gallinas y otros animales explotados como alimento. Las dosis, bajas y no letales, permiten que las bacterias muten y se vuelvan resistentes. Esto aumenta la amenaza de las infecciones resistentes a los antibióticos que, según un estudio, se espera que cobren la vida de aproximadamente 10 millones de personas cada año en 2050.

Pronúnciate a favor de tu salud, el ambiente y los billones de animales que sufren y mueren cada año. Retira tu apoyo a la cruel e inmoral industria de la carne.

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