Queridos no veganos: no es que no pueda comer eso, es que no quiero
"Oh, lo siento, no puedes comer eso, ¿verdad?" Es una de las frases más comunes y mejor intencionadas que los veganos escuchamos, y es hora de que aclaremos algo. No es que no “podamos” comer productos de origen animal, sino que no queremos hacerlo.

Ésta es una distinción importante, porque muchas personas creen que ser vegano es similar a tener una alergia o intolerancia alimentaria, como al gluten. Si bien es cierto que la mayoría de las personas son intolerantes a la lactosa y que muchas son veganas por motivos de salud, la mayoría de los veganos no nos abstenemos de consumir carne, lácteos y huevos porque seamos alérgicos o de alguna manera no “podamos” hacerlo. No, elegimos no participar en un ciclo de sufrimiento.

Por supuesto, cuando las personas amablemente (y, casi con lástima) me dicen que "no puedo comerlo", rara vez las corrijo, sobre todo para ser educada y no ser uno de esos "veganos sin sentido del humor". Pero, a partir de ahora, no dejaré que esta frase se quede sin corregir. Como he escrito antes, no le estamos haciendo ningún favor a nadie cuando nos quedamos callados y dejamos que las ideas erróneas persistan. Podemos corregir esto fácil y educadamente: "en realidad, sí puedo comer eso, pero no quiero hacerlo". Quizás te sientas un poco incómodo por un segundo, pero el recordatorio de que el veganismo no es un estilo de vida basado en la carencia, sino una elección consciente es clave.

Antes de hacerme vegana, me preocupaba que pareciera como si estuviera en una dieta constante. Me imaginaba que me sentiría infinitamente tentada por los productos animales que tenía ante mí y me preocupaba que anhelara todo el tiempo las opciones que ya no eran parte de mi alimentación. Pero, cuando descubrí la verdad sobre cómo tratan a los animales explotados como alimento, dejé de verlos como tal. Ya no me sentía tentada por los productos de origen animal porque había cambiado completamente la forma en que veía a los animales.

También encontré que todas las comidas que pensé que echaría de menos tienen una versión vegana más rica de lo que me habría imaginado, desde la pasta Alfredo y la pizza, hasta las “alitas” y el helado. Entonces sí, puedo comer un delicioso sushi. Simplemente, elijo no comer sushi hecho de los cuerpos de peces torturados que vivían en océanos contaminados. Ahora, eso me resulta asqueroso.

Entonces, la próxima vez que alguien te diga que no puedes comer algo, no tengas miedo de aclarar la situación. El veganismo no se trata de “privarnos” de nada. Se trata de darles a los animales la oportunidad de vivir como se lo merecen: sin crueldad.

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